El Significado de la Felicidad en el Reino de Bután

A la mañana siguiente de haber aterrizado en Bután, fui a entrevistar a Wangmo, la rectora del colegio Gelephu en Thimphu, la capital butanesa. Al ver su gran sonrisa y recibir su fuerte abrazo (algo no muy común en Bután), lo último que me imaginé fue que me contara sobre su episodio de depresión. 

Por un momento pensé que el jetlag estaba afectando mi capacidad de entender. ¿Depresión en Bután?, ¿acaso este país no es conocido como el reino de la felicidad? La rectora me contó que la gran pasión por su trabajo como educadora, sumado a su decisión de no casarse ni tener hijos la llevó a dedicarle casi todo su tiempo y energía al trabajo, negándose tiempo para sí misma. Esto le generó lo que se conoce como síndrome de quemazón laboral (o burnout), altos niveles de estrés y depresión. Dado que yo también experimenté estos mismos síntomas en algún momento, entendí perfectamente a lo que se refería y noté una vez más que la ubicación geográfica es irrelevante cuando se trata de emociones humanas. 

El programa de bienestar que nace en Google llega a Bután. 

Tuve la gran fortuna de viajar a Bután para ver de primera mano el impacto de la alianza que realizó la organización sin ánimo de lucro en donde trabajo, Search Inside Yourself Leadership Institute (SIYLI), y el Ministerio de Educación de Bután. SIYLI es producto de un proyecto que originalmente nació en Google y que busca llevar habilidades de atención plena (mindfulness), inteligencia emocional y neurociencia a individuos, organizaciones y entidades gubernamentales a nivel mundial. El Ministerio de Educación butanés quiso capacitar a todos y cada uno de los profesores del país en estas habilidades. Durante el tiempo en el que estuve en Bután más de 10.000 profesores de instituciones públicas estaban recibiendo la capacitación presencial de dos días, seguida por un mes de contenido virtual, en todos los rincones del reino. 

Una de las preguntas que he recibido con mayor frecuencia, y que yo misma también me hice en algún momento fue ¿por qué un país con una herencia cultural tan rica y basada en la felicidad, bienestar y espiritualidad buscaba una capacitación que se había originado en una corporación del Valle del Silicio? La respuesta que recibí al indagar con muchos butaneses fue similar: validación científica e interés por la juventud butanesa. Tashi Namgyal, uno de los profesores certificados para enseñar el programa, me explicó: “la base científica del programa es necesaria pues consolida las creencias que hemos venido practicando. También desmitifica las prácticas de mindfulness que han sido principalmente asociadas con aspectos espirituales o religiosos, permitiendo que más personas las adopten en su día a día”. 

Paralelamente era palpable el deseo de los profesores de tener más herramientas que les sean de ayuda para encarar los retos de trabajar con niños y adolescentes. Tashi Lhamo, jefe del programa de desarrollo profesional del Ministerio de Educación en Bhutan me comentó su preocupación por el nivel de suicidio en el país, especialmente en la población juvenil. Lastimosamente Bután no se ha escapado de este fenómeno que aflige a tantas naciones, figurando en el puesto número 54 en tasa de suicidio en 2018, según el periódico financiero Business Bhutan. Lhamo afirma que “los jóvenes butaneses enfrentan muchos problemas, y mientras los padres tienen una gran responsabilidad para ayudarlos, los profesores pueden marcar una gran diferencia al estar con ellos diariamente”. También enfatizó que la práctica diaria de habilidades como la atención plena, empatía, escucha atenta o concentración, realmente es de gran ayuda para los profesores y a su vez para los estudiantes. “Escogimos enfocarnos en capacitar a profesores de manera continua pues ellos tienen un efecto multiplicador que puede ayudar de manera directa en los problemas de la juventud”.

Redefiniendo el concepto de la felicidad. 

Mi sorpresa al conocer las historias sobre estrés, depresión o suicidio en Bután se debió a que lo poco que sabía sobre este país antes de mi viaje estaba relacionado con el concepto de Felicidad Nacional Bruta (FNB). En 1972 el rey Jigme Singye Wangchuck declaró que el enfoque en el FNB era más importante que el Producto Interno Bruto (PIB) del país.  Esta idea era y continúa siendo revolucionaria para un país cuyo PIB per cápita es de $3.360 dólares anuales (el de Colombia, por ejemplo, es $6.651) según cifras del Banco Mundial de 2018. ¿Cómo puede este pequeño país asiático con la democracia más jóven del mundo, sin salida al mar y bordeado por economías tan poderosas como la China y la India, decidir enfocarse en la felicidad por encima de su economía? ¿Qué significa la felicidad para los butaneses con tantos desafíos a los que se ven enfrentados?

Mi curiosidad sobre el tema de la felicidad aumentaba con cada día que pasaba durante mi estadía en Bután. Le pregunté a personas que conocía en la calle, al recepcionista de mi hotel y a trabajadores del gobierno sobre su definición de la felicidad. Todos coincidieron en esta frase: estar contentos, velando por el bienestar personal y colectivo.

Según el diccionario de etimología, la palabra contento se relaciona con ‘estar contenido, satisfecho, alegre con su propia suerte’. Es decir, que a diferencia del significado que se le da a esta palabra relacionado con estar joviales o alegres, estar contentos es estar satisfechos. Así entendí que para los butaneses se puede resumir en la frase del rabino Hyman Schachtel “la felicidad no es tener lo que quieres, sino querer lo que tienes”. 

En efecto, en ninguna parte de la descripción de la Felicidad Nacional Bruta encontré que el gobierno de Bután hable sobre momentos placenteros, joviales o eufóricos o con obtener lo que se anhela (lo que usualmente relacionamos con la palabra felicidad). La filosofía de la Felicidad Nacional Bruta fomenta el bienestar de sus ciudadanos por encima del desarrollo material, concibe la felicidad como un fenómeno colectivo, incluye la sostenibilidad desde el punto de vista ecológico y reconoce la importancia de las necesidades espirituales y sociales de las personas. Un ejemplo concreto de la manera en la que el gobierno vela por el bienestar de sus ciudadanos incluye el servicio de salud gratuito universal para sus todos. Algo que sería un privilegio en muchos países, ya está ratificado en la constitución de Bután.  

Yeshi Lhendup, el joven camarógrafo que me acompañó durante mi viaje me dijo que para él el concepto de kidu en dzongkha, el idioma nacional, explica la manera en la que todos se ayudan mutuamente, incluyendo la monarquía. Aunque no encontré la traducción directa de ese término, se trata de la manera en la que los ciudadanos pueden pedirle ayuda directamente al gobierno si tienen alguna necesidad. Quizás como resultado de kidu en ninguna parte vi pobreza como la he visto en otros países ni mucho menos personas sin techo, como veo con frecuencia en tantos países desarrollados. 

A finales de 2015 el reporte del Índice de la Felicidad Nacional indicó que el 91.2% de los butaneses reportó ser profundamente feliz, extensivamente feliz o estrechamente feliz. A pesar de las dificultades que enfrenta ahora y los retos que le esperan con la mayor apertura del país al exterior y a los cambios tecnológicos, Bután continúa siendo un país contento y una nación ejemplar en muchos aspectos para el resto del mundo. 

Al finalizar nuestra conversación, la rectora del colegio Gelephu me contó que ya superó esa etapa de crisis que enfrentó hace poco. Ahora se asegura de practicar autocuidado a través de la meditación y habilidades de inteligencia emocional para conocerse y regular sus emociones mejor que antes. Sus colaboradores la reconocen por ser una líder divertida y con una inquebrantable pasión por  la educación y por los estudiantes. 

Lo que validé durante mi viaje a Bután es que sus ciudadanos no son felices porque sus condiciones sean perfectas, sino porque le dan prioridad a la felicidad y trabajan por tener mayor bienestar para todos. Ellos ven a la felicidad como una habilidad que se puede desarrollar con capacitaciones, con mayor enfoque en estar contento (satisfecho), con un mayor sentido de propósito dentro de una comunidad que se ayuda mutuamente y con un trabajo personal constante. Un gobierno ciertamente puede ayudar en este objetivo habilitando y priorizando políticas, capacitaciones y acciones que faciliten el bienestar de sus ciudadanos. La lección de mi viaje se puede resumir en la frase del escritor Steve Maraboli: “la felicidad, no es la ausencia de problemas, sino la habilidad de enfrentarlos”. 


Algunas fotos y videos de mi viaje:    

Y mi travesía al sagrado templo del Nido del Tigre (Tiger’s Nest) a través de fotos y videos:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close